Pesco mis brazos y me arranco la piel,
el dulce viento tocando la carne desnuda
me mantiene consiente.
Me duele la espalda, las alas crecen a la fuerza
y hacen sangrar lo que queda de mi.
Levanto mi cabeza al cielo, y es como si las
ideas se cayeran al suelo y vaciaran mi mente de todo
lo que no es esencial, es como dejar que la
cascada bañara mi cabeza y yo desnudo en ella
limpiara mis ojos vendados de niebla.
Es tocar el cielo sin usar los dedos.
Quiero un bendito amanecer, no encerrarme en la penumbra,
olvidar todo y empezar de cero, reír a carcajadas del
temblor, reír y no detener mis afilados colmillos de esa
sensación, no reprimir la dulce agonía ajena, necesito
la estupidez impropia para saber que aun se, que
tengo mil caminos por seguir, que detrás del huracán
llegaran tiempos mejores, que el sol que quema,
es mi sol que quema.
Alucino y alucinan mis ojos, alucina mi respiración,
alucinan mis dedos y mi voz, alucina mi mente y
mi piel, alucinan mis branquias y mis alas, alucinan
mis ramas y mis garras, alucina la quimera y alucino yo.
Y el viento chocando mi piel desnuda, me habla
de lugares que e intentado olvidar, pero sé que
llegare, sé que volveré al dogma, que beberé hidro miel
y brindaremos por la dulce, suave y dulce ambrosía.-